Este texto se terminó de escribir en junio del 2024 y fue publicado en el fotolibro Bosque de signos, coordinado por Alejandro Pérez Cervantes en abril del 2026.
Es una imagen que admite múltiples lecturas. Asemeja el fotograma de una película distópica centrada en el México popular. O tal vez un sueño. Sin embargo, no se trata de un montaje; es la mirada autoral de un fotógrafo que capturó la crucifixión de Jesús representada en un viacrucis. Escena que coincidió azarosamente con la construcción de una torre de diseño con aspiraciones vanguardistas, pensada para ofrecer vistas panorámicas de Saltillo, aprovechando la elevación natural de la ciudad.
Con una potente perspectiva en picada, encontramos los símbolos de dos mitos: el religioso y el tecnológico. La crucifixión en diálogo con el dron sobrevolando y la torre, que a su vez, evoca una cadena de ADN, como si fuera un curioso monumento a la ingeniería genética. Una composición que revela, con dos elementos que se tocan hacia una sobreposición, las persistencias de lo antiguo en el presente. Una cita que genera un contraste ilusorio, novedoso. ¿Así es como en una imagen se produce algo nuevo: trayendo lo antiguo a lo contemporáneo?
No precisamente. Para el filósofo Walter Benjamin, una imagen que proyecta lo nuevo cita algo del pasado. Es dialéctica. Pero está condición no se da por la unión en la que el pasado ilumina al presente o viceversa, sino por su discontinuidad. Es decir, la imagen es dialéctica porque, al no ser únicamente temporal, permite la resignificación de los símbolos antiguos en el encuentro con elementos de otros contextos. Es una apuesta interpretativa.
Se presenta lo reciente pero al mismo tiempo lo prehistórico. Como una abrupta interrupción en el tiempo, lo nuevo surge por la ley de la dialéctica en reposo. Citar el pasado es un ejercicio histórico que busca volver a dar valor a aquellas promesas pérdidas de la utopía. En ese sentido, lo nuevo se presenta siempre como imagen onírica. (Benjamin, 2005, pág. 45).
Las ideas sobre lo nuevo, trabajadas por Benjamin en su concepto de imagen dialéctica resuenan con esta fotografía de Alejandro Pérez Cervantes, que, esencialmente, tiene un carácter dual. En sus elementos, claro: la cruz, que es tanto rito como símbolo, y la torre que es tanto mirador como monumento. Pero antes hay un primer nivel, es fundamental subrayar que la fotografía como objeto es arte y archivo histórico al mismo tiempo. Por eso la imagen en sí es la dialéctica detenida.
Tratamos con una tremenda foto periodística que captura una relación de elementos sin que aparentemente la tengan. Elementos de tiempos heterogéneos en una misma imagen que le confieren una cualidad onírica, permitiendo la generación de un conocimiento nuevo, “un saber sobre la cultura, la historia, el arte y la misma psique humana” (Didi-Huberman, 2009, pág. 430). ¿Cuál es el nuevo conocimiento que esta imagen construye sobre la realidad a la cual se refiere? Propondremos ahora una lectura.
En primer lugar, habría que responder: ¿qué es lo que hace que las imágenes de la devoción católica sobrevivan sin perder su valor a través de las épocas? Podríamos decir que es el regreso al presente de aquello que, a manera de síntoma, representa la religión católica: la promesa del paraíso, los valores tradicionales de la moralidad y el sacrificio. En la imagen que nos ocupa, en los trazos toscos de la cruz, que se apoderan de la mayor parte del encuadre, se lee la cruda sombra del catolicismo sobre la sociedad, especialmente en América Latina y en los países del sur global. Donde está claro que la necesidad de una esperanza es mayor.
Con el disparo desde atrás de la cruz encarando la defensiva de la resistente torre, se matiza la violencia en el hombre, que, con la simulación de la carne de la espalda expuesta, yace sostenido en el madero. La cruz es un poderoso signo de larguísima data que resiste a la técnica, que se erige, apoyado por las manos de algunos fieles. Pero hay otro elemento, el dron que, a manera de ojo de Dios, y como parte de la torre, vigila y amenaza a lo antiguo en nombre del progreso.
Pero el ejercicio de las dualidades continúa. Lo arcaico de la madera y las cuerdas frente a lo sofisticado de la fálica estructura metálica. El sentido de comunidad y de tradición de la religión frente al individualismo, la deshumanización y la innovación de la tecnología. La espiritualidad frente a la materialidad y el utilitarismo. Lo inamovible contra lo vertiginosamente cambiante. La realidad objetiva y las construcciones imaginarias. Lo que aspira a lo trascendental y lo humano. Lo biológico y lo tecnológico, que convergen en la violencia y el control sobre los cuerpos. Una constelación que manifiesta la contradicción entre temporalidades y posibilita un abordaje crítico.
Yendo más allá, tenemos la cuestión de la fotografía y la realidad. El dispositivo sostenido en el aire también apunta indirectamente a otro dispositivo: la cámara fotográfica. Ambos tienen la intención de capturar el tiempo y el movimiento. La historia continúa indefinida, para ponerlo en términos de Benjamin. Que evidencia además, el régimen global de la noción heideggeriana de Gestell: el engranaje tecnológico que a través de los dispositivos administra la experiencia humana. “La esencia de la tecnología moderna” (Heidegger, 1977, pág. 20). Los dispositivos fotográficos sirven a los soportes, que en papel o en digital, externalizan la memoria. (Stiegler, 2009, pág. 17). Es a través de ellos que experimentamos materialmente el tiempo y la historia.
Los elementos dialécticos de la imagen al desprenderse de su contexto histórico original —y de la intención originaria del autor— adquieren una legibilidad y comprensión diferentes. Así, el nuevo conocimiento se genera a partir de los símbolos de ayer frente a los símbolos de hoy, constelados en una fotografía que nos habla de una realidad: las crisis que atraviesan los mitos metafísicos de Occidente. El lugar de la religión en el siglo XXI frente al cambio de época guiado por el desarrollo tecno-científico, especialmente la Inteligencia Artificial, como sustituto de la idea omnipresente de Dios que trae bienestar, claridad y mejoras a la vida, en una época compleja y necesitada de su figura, donde parece que desnudos, buscamos la fortaleza y la protección que nos promete la tecnología.
Como mitos, los símbolos de la religión católica y de la tecnología nos permiten comprender las aspiraciones, las inquietudes y el conjunto compartido de referencias y valores de la sociedad mexicana, en función de dos significantes poderosos en la época, que, desde un abordaje dialéctico, no son sino la puesta en tensión entre la cohesión social y la narrativa del progreso en nuestro país. Proporcionando marcos de cognoscibilidad para entender mejor nuestra cultura y su posición en el contexto global dominado por el orden tecno-científico, al que parece sobrevivir y adaptarse.
Y que además, da cuenta de la incesante y antiquísima pulsión civilizatoria por la búsqueda de mitos salvadores. Por lo tanto, la imagen de Alejandro Pérez Cervantes nos acerca a un fragmento de la comprensión de nuestra identidad, psique y condición humana.
Por último, me es inevitable señalar que si la fé y la razón no son suficientes, quizá nos queda insistir en pensar la posibilidad de la añadidura de un nuevo elemento que supere a la constelación actual, otra alternativa revolucionaria, de transformación por venir. O aceptar que no la habrá. Dado que, si lo hacemos, estaríamos contándonos la historia de un mito esperanzadoramente utópico… otra vez. ¿En qué imágenes por venir nos seguiremos leyendo, y leyendo al mundo? O aún más importante: ¿lo qué está por venir también se podrá representar en imágenes?
Referencias
BENJAMIN, W. (2005). Libro de los Pasajes. Ed. Akal.
DIDI-HUBERMAN, G. (2009). La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg. Ed. Abada Editores.
HEIDEGGER, M. (1977). The Question Concerning Technology and Other Essays. Trad. William Lovitt. Ed. Harper & Row.
STIEGLER, B. (2009). Para una nueva crítica de la economía política. Ed. Capital Intelectual.