Sobre ‘el ensayo como forma’ de Adorno y ‘la forma como ensayo’ de rodríguez freire


Me interesa pensar el ensayo como un tipo de escritura no subsumible por los métodos y formatos rígidos de la academia, y por tanto, de su ideología, que limitan y sesgan la reflexión. Llegó a esta perspectiva a partir de la lectura de El ensayo como forma. En este texto, Theodor W. Adorno sostiene que el ensayo está signado por la negatividad, podría decirse que es antisistema. Se sitúa como una contrapartida a los saberes positivos de la institución universitaria; y, por tanto, del sentido utilitario y la lógica del capital. Se desenvuelve de forma fragmentaria, dado que busca un saber que no asegure una totalidad o verdad única, que por lo regular resulta en una lectura reduccionista de la realidad. En tiempos donde se aspira a medirlo todo y a transformarlo en mercancía, esto no es menor. Por eso la escritura del ensayo es abierta. Aspira a un pensamiento libre. El ensayo, al quedar fuera de los dogmas de la academia, se vincula menos con la ciencia que con la estética y el arte, sin que esto signifique que carezca de rigor. Adorno apunta que el rigor estriba en la reflexión, no en las metodologías. Pues su condición crítica radica no solo en su contenido, sino también en su forma.

En la forma como ensayo, ese diálogo genial que raúl rodríguez freire establece con el texto de Adorno, se postula que en la escritura ensayística el contenido y la forma están siempre anudados. Al reflexionar sobre la forma, me viene al recuerdo el libro de mis humores, de Fernanda del Monte (publicado por la editorial de 17, Instituto de Estudios Críticos), donde la combinación de tipos de letras, tamaños y orientaciones de lectura potencian y arropan sin miramientos la crudeza y profundidad del discurso de la escritura autográfica de la autora.

En ese contexto, me parece que se cuela una reflexión importante sobre la técnica y su relación con la instrumentalización, a partir del planteamiento de rodríguez sobre cómo las letras, que en un tiempo se inspiraban en el cuerpo, pasaron de la caligrafía manual a las tipografías digitales, como una forma de descorporización, ya que se terminó por usar rígidas cuadrículas para su diseño, matematizándolas. El “aura” contenida en el rastro del trazo orgánico y único de la caligrafía se perdió con la tecnología, estandarizando la escritura.

En el ensayo habría que tomarse en serio el soporte material, su diseño. rodríguez freire dice que no solo hay que escribir libros, sino también hay que ocuparse de su diseño, para asegurar que lo que se quiera decir fluya sin la coerción del sistema. Porque la forma como ensayo es creativa y lúdica. Para muestra, el mismo prólogo de la forma como ensayo, parodia el apartado de las palabras clave y el resumen, de los papers, con códigos de barras, sugiriendo que el beneficiario principal es el capital, y cómo éste, con su lógica de calidad y competencia, ha homogeneizado la escritura.

También en dicho prólogo, es muy bella la cita de rodríguez a Martin Cerda en La palabra quebrada: ensayo sobre el ensayo, sobre la analogía del pensador con el navegante que, después de que sobrepasa el terreno conocido, no le queda más que moverse por la intuición, tantear; es decir, ensayar. Y que justamente la experiencia de tantear es el significado que Adorno subraya de la palabra “ensayo”. Entonces, se trata de una forma de escritura otra, hacia, quizá, otra forma de lectura del mundo, pues: “tantear es un modo de orientarse hacia lo desconocido e indescubierto”.

Pero el ensayo no es solo escritura sobre la hoja (de papel o digital), su forma y el soporte que lo materializa puede ser múltiple. Para ahondar un poco más, movámonos ahora al registro audiovisual. En Paranoid Park, Gus Van Sant muestra una historia sobre la adolescencia enmarcada en la subcultura estadounidense del skateboarding. Nos sumerge en la complejidad de la psique de Alex, luego de involucrarse en el fatal accidente de un guardia de seguridad. La singularidad de la perspectiva adolescente de Alex es representada por un estilo visual onírico y una narración fragmentada, para ofrecernos una reflexión sobre el autodescubrimiento y la confrontación con lo real, en esa etapa de la vida en la que la identidad aún no se ha terminado de formar. Cuando la subjetividad del individuo aún no se encuentra completamente subsumida por el capital. Bajo la mirada de otro director, esta trama fácilmente podría utilizarse para desplegar un discurso moralizante y aleccionador; sin embargo, la sensibilidad de Van Sant entiende la juventud y se solidariza con ella, que a su vez, contrasta con la imposibilidad de establecer un lazo social auténtico entre los niños con los adultos en la película.

En Paranoid Park podemos pensar a su director como escritor -no sólo porque también escribe el guión-, y por tanto, como pensador. Al colocarse desde una posición no fálica, jerárquica ni juiciosa, sino respetuosa. Esta aproximación me recuerda al trabajo del ensayista etnógrafo Julio Ramos y su encuentro con Elvin, un migrante hondureño de 16 años, en un albergue de Veracruz, donde varios registros escriturales están en juego: texto, vídeo y trabajo etnográfico. Tanto en la ficción como en la realidad, tanto en el sur como en el norte global, y aunque en ambos casos hay una posición política, Van Sant y Ramos emplean una estrategia de distanciamiento. Dejan que el espectador saque sus propias conclusiones, que hagan sus propias lecturas. Así como los registros de la fotografía, el esquema gráfico, la caricatura o el audio, la cinematografía es una forma potente que, abordada como ensayo, es capaz de desmarcarse de la verdad y la ley, desde la cual la escritura ortodoxa piensa. Por eso el ensayo es incómodo para esta: no propone soluciones totalizantes sino que plantea preguntas.

Entonces, ¿desde dónde invita a pensar el ensayo? Desde la falta, desde lo residual. Posicionado en un lugar al margen, interpela al saber positivo de las instituciones del poder; ya sea que se trate de la academia, el estado, la familia o los mercados. Recordemos que la academia responde al discurso universitario; o sea, al aparato capitalista y su noción de progreso industrial. Esto no quiere decir que el ensayo quede fuera de esta condición. La película, por ejemplo, no deja de ser un producto y de responder a un mercado, pero indudablemente es notorio el lugar crítico desde el cual opera: aunque sabemos quién es el que habla, a veces pareciera que se disuelve la identidad de su autor, especialmente porque se pone a la par del otro y estrategiza espacios para la experimentación, la reflexión aguda y la búsqueda del lazo social sin las imposturas de la típica relación de poder de: quien sabe/quien no, quien estudia/quien es estudiado, sujeto/objeto y adulto/niño.

Resistir ante la instrumentalización de la sociedad moderna implica una sensibilidad experiencial similar al período liminal del paso de la adolescencia a la madurez. Al escribir desde ese lugar se aspira a una creación en estado salvaje que, a veces, deviene en un discurso poético, siempre y cuando, como dijo Gareth Williams, aceptemos el peso de lo real.


Referencias

Adorno, T.W.
“El ensayo como forma”. Notas sobre literatura.
Trad. Aldredo Brotons Muños.
Ediciones Akal, 2003 [1974]

Benjamin, W.
“La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”
Trad. Andrés E. Weikert
Ed. Ítaca, 2013 [1936]

Del Monte, F.
“mis humores” (serie Habitaciones nº 7)
Editorial Diecisiete, 2021

Ramos, J.
“Tierra Blanca. Los zapatos de Elvin (notas sobre el refugio)”
RECIAL Año VIII, N° 12. https://archivo.kaosenlared.net/los-zapatos-elvin-notas-refugio/index.html

rodríguez freire, r.
“la forma como ensayo. crítica ficción teoría”
Ediciones La Cebra, 2020

Filmes

Gus Van Sant: “Paranoid Park” (2007)

Emisiones radiales

La Gallina Ciega: “Aperturas de la historicidad: Pasajes infrapolíticos” (2022). https://soundcloud.com/user-737202851/aperturas-de-la-historicidad-pasajes-infrapoliticos-con-gareth-williams-18-feb-2022

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