Texto presentado el martes 30 de junio del 2026, durante el XLI Coloquio internacional: Modelo para ensamblar. Responder al siglo XXI, de 17, Instituto de Estudios Críticos, como reflexión sobre el tema del coloquio y su vínculo con mi proyecto de investigación crítica.
Si entendemos a la política como un dispositivo o lo que organiza los dispositivos que intentan capturar y controlar la existencia, ¿qué pasa con cierto cine del siglo XXI que no insiste en el ordenamiento político, sino que expone aquello que aparece cuando el mundo deja de sostenerse en sus relatos? Relatos que, hasta hace al menos tres siglos, lo sostenían. Ese cine que piensa la imagen no como representación o denuncia de un problema político, sino como interrupción de las condiciones que lo político necesita para establecerse. Una experiencia que aún no puedo nombrar adecuadamente, pero que por ahora quiero ensayar con el nombre de “desajuste”.
Llamo tentativamente “desajuste” a la dislocación temporal, perceptiva y de no-coincidencia entre las formas mediante las cuales entendemos lo político y aquello del orden de la existencia que ciertas imágenes cinematográficas exponen. Una falla en el orden de la representación que subyace a las determinaciones políticas. Pero no por una operación de aletheia, de develar la dimensión oculta de la política en la imagen, sino por una operación que dé cuenta del vacío estructural alrededor del cual se organiza la realidad.
En el espíritu de este coloquio, para poner a prueba esta noción respecto a los efectos psíquicos y materiales que puede producir, me gustaría traer a colación la escena inicial de la película La Ciénaga (2001), de la realizadora argentina Lucrecia Martel, la cual es la siguiente: Se enfocan manos sirviendo hielo en copas de vino y fragmentos de cuerpos de mediana edad semidesnudos moviéndose perezosa y torpemente. Calor, ruido, cansancio, embriagamiento, animalidad. El sonido excede la imagen como si la percepción visual tuviera siempre un delay que desorganiza la narrativa. Mecha (la madre), al recoger las copas de los invitados, tropieza y cae. El accidente altera a las dos hijas, pero no saca del adormecimiento a los invitados. Su movilización mínima desconcierta. Esa imagen que, además de ser usada en la carátula de una famosa edición, me resulta seductoramente inquietante: una toma semi en picada con los invitados de frente a las aguas estancadas de la alberca, apenas volteando a ver a Mecha en el piso, que aparece en fragmento, con solo una parte de su cuerpo a cuadro.
¿Qué pasa aquí? No hay una dirección narrativa clara. Como si las acciones de los personajes no compartieran el mismo orden de sentido ni de tiempo. La caída no produce un acontecimiento común, ni siquiera la aparición de la sangre es suficiente para organizar las acciones de todos.
¿Qué nos dice políticamente esta imagen? Sí la leemos inmediatamente como una metáfora de la decadencia de la burguesía, posiblemente estamos sacrificando algo. Lo que pone en juego dicha escena no es sólo el derrumbe de la representación de la clase alta, sino la imposibilidad de que lo común pueda organizarse bajo identidades compartidas. Y si entendemos que lo común siempre está atravesado por una falta estructural, entonces la singularidad/soledad de cada sujeto, como diría Jorge Alemán, es imposible de absorber completamente por el orden de un ‘para todos’. De esta forma, lo que parece quedar expuesto es el sentido roto de la experiencia compartida y la no promesa de una resolución que vuelva a organizar el sentido. Lo cual, se vincula con una de las preguntas que convoca este coloquio sobre cómo pensar las formas contemporáneas de lazo social.
Una pregunta enorme, para la cual, yo por supuesto no tengo respuesta, pero que me lleva a pensar en la crítica al discurso humanista, entendido este como el horizonte normativo que administra la existencia. ¿Por qué esto es importante? Porque este discurso decide quién califica como humano, qué forma de comunidad debe establecerse o qué futuros deben imaginarse.
Me interesa entonces pensar el “desajuste” implícito en los cuerpos y afectos de los personajes adultos de La Ciénaga, en su torpeza, su latencia o alienación, como formas sociales que no se dejan integrar por completo en lo común. Esto, por supuesto, no quiere decir que no haya comunidad, sigue habiendo comunidad pero con otra forma política donde la experiencia de lo común no está constituido como totalidad.
En La Ciénaga evidentemente siguen existiendo los conflictos de clase, de raza, de explotación, etc. Insisto, no se suspende la política, si no que, por un momento, se suspenden las condiciones bajo las cuales la experiencia puede pensarse inmediatamente como entendimiento político. Y ahí, en ese pequeño espacio que se abre, tal vez es donde habría que pensar.
No sé si sea esa sensación de vivir a destiempo, la pereza, el adormecimiento por la saturación sensorial, o el propio goce que se expresa como una decisión de parálisis, pero lo que me llama mucho la atención es su énfasis en aquello que no logra integrarse rápidamente a las categorías habituales. Es decir, cuando traducir rápidamente la experiencia en material político se vuelve un problema. Quizá de lo que se trata entonces, es de dar cuenta de aquello de la existencia que reprimido o sacrificado, que subyace a toda forma de organización en su necesidad inherente de clasificar, nombrar, incluir, excluir, etc.
En este punto y gracias al acompañamiento de mi tutora, me pregunto: ¿Cómo conducirse a partir de recursos antifilosóficos, como la infrapolítica, para responder a este problema? Una intuición consiste en ser fiel a la exposición de la heterogeneidad de la experiencia, como dijera Gareth Williams, hacia la formulación de la pregunta por otro goce existencial que no sea el de la estructura dominante. Y bueno, mi proyecto de investigación justamente intenta transmitir esto a través de un glosario. Un formato que, desde su condición aparentemente esquemática y cerrada, permita pensar conceptos afines a eso que ningún dispositivo consigue formalizar del todo. A manera de una constelación, en la que se desplieguen la reflexión teórica, las imágenes, las citas, las anotaciones y las figuras. A sabiendas del riesgo de que se convierta en mero asunto estético o de interpretación, y que el sentido derive en consigna identitaria o en meros ejemplos de lo infrapolítico con películas. Si esto llegara a ocurrir, me reposicionaría en el bucle del agotamiento de la experiencia que pretendía cuestionar en un inicio.
Referencias
17, Radio. (2022). Aperturas de la historicidad: pasajes infrapolíticos. SoundCloud. https://on.soundcloud.com/SY9bUs9hl4jNtZe4bI/
Alemán, J. (2024) Soledad:Común. Ned Ediciones.
Martel, L. (2001). La ciénaga. Lita Stantic Producciones.
Mayer Foulkes, B. (2026). Modelo para ensamblar. Revista Replicante. https://revistareplicante.com/modelo-para-ensamblar/
Moreiras, A. (2019). Infrapolítica. Palinodia.