Afectaciones al Ser


Época sin época y angustia epocal. Cuánta potencia en esos sintagmas para diagnosticar al mundo en su tiempo actual. Alberto Moreiras y Gareth Williams las postularon para señalar el desmoronamiento del humanismo; la crisis de los conceptos de emancipación, racionalidad o política. Heidegger y el clásico atasco en el bucle de lo óntico (formas de vida) en vez de pensar en lo ontológico (el significado del Ser). ¿Qué sentido tiene pensar en formas para mitigar el calentamiento del planeta si el régimen discursivo de los aparatos hegemónicos seguiría esencialmente intacto? Más de lo mismo. Heidegger y la muerte de la metafísica. ¿Qué nos queda? El desamparo. Creer que aún hay un significante trascendental capaz de establecer el orden es el goce para evitar la angustia. Williams teoriza sobre atravesar la angustia afrontando la experiencia de duelo. El duelo por el desmoronamiento de la promesa de una visión del mundo que dejó de ser sostenible. Duelo por lo gastado de un lenguaje que no es suficiente para dar cuenta de las crisis de los estado-nación, la crisis ecológica o la acumulación narco-capitalista. La terrible e insoportable violencia. Se escribe no para representar, si no para reclamar lo vivo de lo muerto. “Encontrar un lugar para nuestros muertos”. ¿Cuál podría ser la escritura a fin a esta época? ¿Qué sentido tiene el rigor conceptual y la cultura en una época que acelera su paso a la devastación? Qué agobio. Para el pensamiento infrapolítico la escritura es importante porque el lenguaje es el lugar del Ser. En la relación entre el lenguaje, el Ser y la realidad se expresa la existencia. Ésta, al desnudo, puede escapar a la lógica del capital, del cálculo y lo medible. Ahí donde está atrapado el lenguaje. En el Gestell. La técnica que vela lo real. Al Ser. En la era de la saturación tecnológica, el lenguaje ya no ayuda al desvelamiento del Ser. La narrativa tradicional es insuficiente frente a lo real. Reduce la experiencia del Ser. ¿Cómo acceder a la condición salvaje de lo vital, a lo que queda fuera de la totalidad clausurante del sentido? ¿Cómo ir más allá de la metafísica occidental, de lo que no se puede representar? ¿Qué lenguaje puede dar cuenta de ello? La excepcionalidad del registro latinoameicano literario. ¿Tan brutal es vivir en este sur que el registro escritural del sentido naturalmente se rompió, se excribió? Es Schewblin y Rivera Garza. Es Eltit. La excritura, más cargada a la infrapolítica que a la extimidad, intenta responder como forma a los síntomas de la erosión de la teleología. Nuestro momento epocal ya no puede ser representado en términos tradicionales, no tiene un sentido fijo, no hay un principio ni un fin. “Hay que dejar de contarnos historias” (Gareth Williams en relación a los mitos de la promesa decimonónica de la emancipación). La excritura permite que el orden de lo real trastoque al ordenamiento de lo simbólico. El paso a la angustia. El derrame del significante es la urgencia material por responder al vacío. Pero no para instaurar otro significante maestro. No, no se proponen estrategias, soluciones, se acepta el agujero. La excritura es desidentificante porque ni siquiera mira desde la duda. La duda aspira a la instauración de una verdad, de un saber. Discurso universitario, pues. Es tantear con miedo y sin piso. Ensayar. Y quien sabe a donde. Por eso incomoda. Estremece. 

Estas líneas vienen desde la incomodidad. Valgan lo que valgan, costaron teclearlas. Esto no es un ejercicio de terapia. Excribo porque es lo que tengo. Miedo y evitación. Sudor. A ratos prefería ver el celular o tirarme en la cama. ¿Qué es lo realmente quiero? Me pierdo para que no llegue la angustia. ¿Y si no tengo nada que decir? El miedo a conocer los límites. Mis límites. Esa sensación re-conocida. Como antes de un sparring. Un hard sparring. Ese preciso momento casi al terminar el acondicionamiento, cuando viene ese mentado cierre y las piernas se vuelven pesadas, pesadas. El cuerpo disminuye la intensidad al intentar guardar energía. Sensación de fundido. Asfixia por dudas. Y aún no empieza. ¿Y si ya no soy rápido? ¿Y si el más morro me hace ver mal? Exponerse es angustia. Qué jodido es ya no disfrutarlo. ¿Por qué una actividad, hasta hace tan poco agradable, se convirtió en dolor? Pero llega el impacto y, al menos por un mínimo instante, no pienso. Carajo, es invaluable. No pensé en nada, me dije al final. Qué bonito. El intercambio de golpes en un gimnasio de artes marciales. Otra peculiar forma de diálogo. De compartir. Qué bonita es su violencia. Pero la violencia de la escritura es diferente. No fui valiente. ¿Qué quiero? ¿Escribir desde la angustia o pasar a través de ella? Esto no es un vaciamiento terapéutico. Gareth Williams elabora un diagnóstico epocal para lo contemporáneo en torno a la experiencia de la angustia. Angustia epocal. La crisis del pensamiento político. Una vez dijo en una emisión radial que Pasajes Infrapolíticos estaba escrito desde la asfixia. Que leyó y leyó a Nietzsche para definir un tono, tratando de encontrar una forma apropiada para dar cuenta del “atolladero del presente”. Que la muerte de Dios. Que la promesa de emancipación que anunció Nietzsche se derrumbó. Entonces, nuestro momento epocal actual es la muerte de la muerte de Dios. Estamos doblemente jodidos, dice. Otra vez: ¿para qué el/la _________ en un mundo de exacerbada crisis? Extinción. “Nos angustiamos porque no sabemos lo que el otro quiere de nosotros”. “La angustia no engaña”. Lo real. “El peso de lo real”. Más notas de Williams citando a Miller y a Lacan. Qué fuerza conjuran sus frases. Repasó el final de El otro lado de lo popular. Gareth habla de Blanchot y la comunidad negativa. “La comunidad de los que no tienen comunidad”. Incorpora las fotos de Errazuriz en El infarto del alma. Las fotografías de los amantes locos. El delirio del amor desde lo más oscuro de la biopolítica, la singular relación con el otro como lo contra-hegemónico de la cultura, la práctica intelectual y la historia. El marcado interés en el registro escritural y visual de latinoamérica. Las fotografías de Paz me llevan al final de Pasajes infrapolíticos. También hay imágenes. La filosofía y el cine. El cine y sus sentidos abiertos. El cine me detona la escritura. Una pasión. Lecturas agudas de textos literarios y audiovisuales desde cierta tradición derridiana. La no clausura del sentido. Es fascinante. El cine es un universo suficientemente grande para no agotarse. Al menos hasta ahora. Un deseo que me elige y condiciona. 17, la maestría. Una recuperación de fotogramas marginales de la película La jaula de oro ayudan a expresar el encerramiento del ser humano en el mundo tecnocientífico. No hay un afuera. “Y por primera vez se preguntó, con un miedo que casi podría quebrarla, si estaba de pie sobre un mundo del que realmente se pudiera escapar”. Chauk, el niño migrante que no habla español. La lengua tsotsil. El significante teiv. Incluso en las estructuras narrativas tradicionales se pueden encontrar significantes no capturables por la técnica. El exceso. La muerte. La confrontación con la muerte. El ser para la muerte. Luego el vacío. La fina nieve blanca cayendo sobre un abismal cielo negro. Lo inefable. La nada. Es la infrapolítica de las imágenes. Villalobos Ruminott. Deleuze y el cine. En el cine de “las naciones modestas” la cámara captura algo enormemente auténtico. La estética del cine naturalista trastoca la hegemonía. ¿Pensar nuestra relación con la imagen en la era del antropoceno? La pulsión negativa. Desplazamiento. Movimiento. Borradura. Graffiti. Marranismo y desidentificación. ¿Ahora de qué hago el proyecto? ¿Y si rescribo lo que ya tengo del curso pasado y le agrego más menjurje para enriquecerlo? Un juego calculado y consciente de los significantes. Quizá, la forma de escribir enunciados largos e irrespirables era un intento casi obsesivo por llenar los huecos. La falta. Mi falta. El aplastante determinismo del sentido. Escribo esto como si fuera una combinación de Thai. Cómo barras del Sicario. Jab-recto-gancho-low kick. ¿Le sigo por ahí o me dejo guiar por el deseo? ¿Y si mejor trabajo un librito que me gustó? ¿Será solo el placer por anudar algunas lecturas críticas o habrá otra cosa de eso que me moviliza? Me sigo diciendo que esto no es un ejercicio catártico. Es un acercamiento al deseo. A la falta. Para traer a la presencia. Aunque no sepa que. Entre más obligaciones, más evito. Escribo sin saber cuál será el devenir de esto. Excribo para transformarme. ¿Cómo sería avanzar desde la no utilidad?

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