Este fue un ejercicio para pensar el estilo en una escritura, como parte del seminario ‘Escritura de textos críticos. Del paper al ensayo, y más allá’, impartido por Eleonora Cróquer Pedrón, en 17, Instituto de Estudios Críticos, en noviembre del 2024. Consistió en elegir un texto que trascendiera el formato académico, y elaborar un análisis crítico incluyendo una lectura de su forma expositiva.
El libro
Si consideramos que hay un vínculo entre el patriarcado, la violencia contra las mujeres y el colonialismo, podemos pensar en la naturalización de la violencia por parte de un orden social y cultural que este vínculo ha producido. Especialmente la ejercida sobre las mujeres y las personas de los sectores marginados por una época en la que pareciera que “todas” las cosas se pueden industrializar. En esto consiste, esencialmente, el concepto de ´pedagogía de la crueldad’, de Rita Segato. Ante la inconcebible violencia de lo contemporáneo que abarca lo agotado del humanismo político y la ‘frialdad burguesa’1, ¿habría acaso otra manera más auténtica de comunicar lo urgente, sino es con el desgarro de un “grito”? Un “grito” vastamente informado que, desde la experiencia femenina, incorpora la angustia para protestar sobre el mandato civilizatorio masculino. Porque múltiples culturas comparten el hecho de estar cimentadas en una estructura patriarcal que se manifiesta en la búsqueda de la dominación del “otro”.
El estilo
Lo que sigue es el intento de hacer una lectura crítica de la convocante escritura de Segato, que responde a la complejidad de nuestra época. Por un lado, su responsabilidad intelectual; la militancia que, poniendo lo existencial en juego, de manera natural se despliega más allá del discurso del saber universitario. Y por otro, su surgimiento como guía moral que se intensifica en la adaptación de los registros de su denuncia; de la verbalización oral de la conferencia al formato del libro orientado hacia los públicos amplios. Ambas partes permiten dar cuenta del estilo escritural que temerariamente encara. O mejor dicho, que su existencia, con toda su materialidad encara. A caballo entre el activismo y la academia, y aún y cuando las formas del discurso dominante no permita representar adecuadamente el problema.
La escritura afectada
En su libro Contra-pedagogías de la crueldad, la pensadora expone una apasionada crítica a la violencia de género que deriva de la estructura de poder patriarcal del capitalismo. Invitando al lector, en un marcado tono de denuncia, a una toma de posición ética frente a estas prácticas. A pensar la posibilidad de una ‘contra-pedagogía’, entendida ésta como una forma de resistencia a la insoportable violencia institucionalizada de lo contemporáneo, heredada por nuestros pueblos del concepto europeo del humanismo, que tiene en el centro la lectura identitaria del hombre occidental, blanco y burgués. Por lo tanto, la ´contra-pedagogía´ está orientada hacia una revalorización de la diversidad de las experiencias humanas, particularmente las subalternas. Se trata de una revalorización en estrictos términos de praxis. De manera muy importante, Segato no se disocia del problema para que su argumento encaje con las formas del discurso universitario. Ejerce su “Derecho a la Desobediencia” (Segato, 2018, p. 9), como un “gesto educativo que resiste y rechaza la mercantilización del saber” (Segato, 2018, p. 10). Se sumerge en la violencia patriarcal y colonial para constatar que hay objetos de estudio que definitivamente no pueden ser abordados tomando distancia. Justamente, la crueldad sistematizada trasciende toda academicidad.
Las formas exhortativas
A mi gusto, su estilo, aunque se perciba como cercano, es demasiado directo. Me llamó la atención el protagonismo de su construcción gramatical en singular, y que es inevitable leerse como una afirmación monolítica, dados sus motivos militantes. Al respecto, Alberto Moreiras diría que no se puede pensar si no es de forma autográfica, de otra forma solo se estaría siguiendo el programa de la ortodoxia académica.2 Por lo que no habría cabida para tal crítica; (volviendo a Moreiras), siempre hay algo de autopromoción y la modestia se queda aparte. Aunque, aún y cuando el conocimiento y enorme experiencia de Segato como autoridad de los estudios de género, la colonialidad y la investigación etnográfica es incuestionable, da la sensación de que quiere presentarse como una guía moral. Gesto que me pareció curioso, si se pone en contraposición a la crítica hacia las imposiciones estructurales de la cultura y la sociedad, por parte de las élites dominantes. Me parece que con el impacto de sus enunciaciones se corre el riesgo de persuadir al lector apelando a sus emociones, al igual que una típica campaña política. Entiendo que se podría comentar que este señalamiento es demasiado duro, y que además, la gravedad del tema de la violencia de género es inmensamente devastador, por lo que su pretensión es justificable. Indudablemente, lo que este libro de Segato tensa es la escritura reflexiva con la acción política. Pero, ante estos temas tan decisivos que son expuestos a partir de la escritura etnográfica y política, personalmente encuentro más rico el estilo de Julio Ramos en Tierra Blanca. Los zapatos de Elvin (notas sobre el refugio). Su ensayo sobre la migración es: sutil, contundente y no exhortativo. Y además, con ciertas salidas poéticas.
Para seguir abonando a la observación, dado que la obra que nos ocupa está construída por una serie de conferencias que fueron transcritas, lo cual demuestra el ritmo jerárquico y el tono “autoritario”, en un inicio me pareció redundante, por decir lo menos, que su rostro apareciera en la portada. Sin embargo, después pensé que se subraya intencionalmente lo personal, directo, y a ratos didáctico, de la voz de Segato para intensificar la urgencia de su convocatoria, desde todos los ángulos. Lo cual podría explicar la elección de tal imagen por la editorial Prometeo para la portada de esta obra.
Un posicionamiento
Contra-pedagogías de la crueldad es un enérgico llamado político. Con su estilo de escritura, Rita Segato busca confrontar. Convocar a un necesario diálogo con sus ideas y a promover (como menciona en la introducción) un pensamiento en colectividad (bueno, eso ya lo sabemos). Pero, en concordancia con esto último, ¿no habría ganado más fuerza su objetivo desestabilizador si se hubiera enunciado, por ejemplo, en plural, evitando así caer en la estructura expositiva de los discursos dominantes? El uso del plural, u otro recurso gramatical que refleje la resistencia y diluya un poco su figura “imperativa”… ¿No será que las formas del lenguaje hegemónico limitan el discurso militante de Segato sobre la violencia de género? ¿Cómo hablar de la violencia de género sin caer en marcos discursivos totalizadores? En este caso, tal vez no sea una cuestión de escribir con uno u otro tono, usar el yo o la tercera persona, sino de acentuar la toma de posición, “hablar más allá de nosotros”, como dijera Cróquer Pedrón.
- Uso el concepto ideado por Henrieke Kohpeiß para referirse a la técnica afectiva que permite al sujeto burgués hacer distancia del sufrimiento externo. ↩︎
- Estoy parafraseando un comentario, en la emisión Historiografía e infrapolítica, del podcast La Gallina Ciega. ↩︎
Referencias
Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.
Bens, J. (Anfitrión). The colonial lives of bourgeois coldness [Audio Podcast]. En Affect and Colonialism Web Lab Podcast. https://affect-and-colonialism.net/podcast/the-colonial-lives-of-bourgeois-coldness/
Gordillo, A. (Anfitrión). (2021, diciembre 3). Historiografía e infrapolítica, con Alberto Moreiras [Audio Podcast]. En La Gallina Ciega. SoundCloud. https://on.soundcloud.com/YFeA3FSMSqBumr2N6
Ramos, J. (2017). Tierra Blanca. Los zapatos de Elvin (notas sobre el refugio). RECIAL Año VIII, N° 12.